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Esta concepción de James Cameron es una cosa inédita. La película atrapa desde el primer momento introduciendo al espectador en el universo imaginado por el autor, suspendiendo la incredulidad directamente y sin resistencia. La factura es increíble consiguiendo una belleza en la pantalla sin igual, uniendo esto al desarrollo de una historia simple, aunque reciclada y algo clichetosa, se alcanzan continuos momentos de emoción estética, en los cuales se aúnan idea y sentimiento emocionando de verdad.
El héroe se infiltra entre los aborígenes de la luna Pandora, que acaban confiando en él, para reunir información y de esta manera poder después destruirlos más fácilmente y así conseguir un metal energético carísimo que se encuentra, curiosamente, debajo de su poblado. Pero conoce a la hija del jefe (personaje potente donde los haya), se enamora y acaba entendiendo que estos indígenas están en mágica comunión con la naturaleza y que en realidad son los buenos de la película y etc, etc. Nada nuevo, pero bien contado oiga.
El nuevo sistema de previsualización en tiempo real ha permitido al director controlar todos los aspectos del rodaje. Utilizando cámaras ópticas de última generación desarrolladas junto a Sony, cámaras digitales y avanzadísimo software, es posible controlar la acción, las actuaciones de los actores reales en un estudio vacío ya que directamente se examinan sus evoluciones en un monitor que muestra el mundo del film, y los personajes digitales que interpretan, sobre la marcha, en el mismo momento.
Es alucinante ver a los muñecos virtuales cómo gesticulan como los actores y cómo se mueven, amén de esa cámara para arriba, para abajo, flotando… y lo flipas con el diseño del mundo alienígena y sus habitantes, todo es disfrutable a tope. En un par de días la vuelvo a ver.
No se la pierda.
No podría comenzar con otro escritor que mi admirado