Entradas etiquetadas con Salinger

salinger1 Goodbye J.D.

Se murió Salinger, ya tenía 92. En fin, a ver si ahora ve la luz algo de lo que puede que haya escrito durante las últimas cinco décadas. Mientras tanto, entrentente con este relato, que es de lo mejor que se ha escrito nunca.

UN DÍA PERFECTO PARA EL PEZ PLÁTANO

En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.
No era una chica a la que una llamada telefónica le produjera gran efecto. Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad.
Mientras sonaba el teléfono, con el pincelito del esmalte se repasó una uña del dedo meñique, acentuando el borde de la lúnula. Tapó el frasco y, poniéndose de pie, abanicó en el aire su mano pintada, la izquierda. Con la mano seca, tomó
del alféizar un cenicero repleto y lo llevó hasta la mesita de noche, donde estaba el teléfono. Se sentó en una de las dos camas gemelas ya hecha y-ya era la cuarta o quinta llamada-levantó el auricular del teléfono.
-Diga-dijo, manteniendo extendidos los dedos de la mano izquierda lejos de la bata de seda blanca, que era lo único que llevaba puesto, junto con las chinelas: los anillos estaban en el cuarto de baño.

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kafka oDice Haruki que escribió esta novela “dejándose llevar”, casi 600 páginas de dejarse llevar. Parece ser que estuvo traduciendo El guardián entre el centeno a la vez que se dejaba llevar, de ahí uno de los personajes: Kafka Tamura; después de tomar unos tragos de Jhonnie Walken, sí, acabado en “n”, se imaginó a Takeshi Kitano en el papel de Forrest Gump y le salió Nakata. Entre medias tuvo unos sueños húmedos con Edipo y luego escribió la novela utilizando su estilo, que dicen, es de un realismo mágico a la japonesa (Gabo, quémate a lo bonzo) con tintes pop y alusiones a la cultura de occidente. Esto… al señor Murakami le propuso su editor que escribiera una novela rapidito para aprovechar el postrer éxito que estaba teniendo por estos lares occidentales Tokio Blues (Norwegian wood, fíjate que casi le ponen el título en castellano de Jaimito contra Godzilla) y así repartirse una jartá de yenes cada uno. A éste que le parece buena idea y, entre relecturas de Sófocles y traducciones de Salinger, se deja llevar y escribe lo que le sale de la polla: explica y explica, rellena, mete paja por un tubo y finiquita todas las tramas con un Deus ex machina. Harto de dejarse llevar, entrega el primer y único borrador de la obra y se va al banco a echarle un vistazo a su cuenta corriente escuchando a John Coltrane. Y a vender, y a comprar; yo compré, quiero decirte. Hay que reconocer que tiene mérito el chino cabrón este.

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