Dice Haruki que escribió esta novela “dejándose llevar”, casi 600 páginas de dejarse llevar. Parece ser que estuvo traduciendo El guardián entre el centeno a la vez que se dejaba llevar, de ahí uno de los personajes: Kafka Tamura; después de tomar unos tragos de Jhonnie Walken, sí, acabado en “n”, se imaginó a Takeshi Kitano en el papel de Forrest Gump y le salió Nakata. Entre medias tuvo unos sueños húmedos con Edipo y luego escribió la novela utilizando su estilo, que dicen, es de un realismo mágico a la japonesa (Gabo, quémate a lo bonzo) con tintes pop y alusiones a la cultura de occidente. Esto… al señor Murakami le propuso su editor que escribiera una novela rapidito para aprovechar el postrer éxito que estaba teniendo por estos lares occidentales Tokio Blues (Norwegian wood, fíjate que casi le ponen el título en castellano de Jaimito contra Godzilla) y así repartirse una jartá de yenes cada uno. A éste que le parece buena idea y, entre relecturas de Sófocles y traducciones de Salinger, se deja llevar y escribe lo que le sale de la polla: explica y explica, rellena, mete paja por un tubo y finiquita todas las tramas con un Deus ex machina. Harto de dejarse llevar, entrega el primer y único borrador de la obra y se va al banco a echarle un vistazo a su cuenta corriente escuchando a John Coltrane. Y a vender, y a comprar; yo compré, quiero decirte. Hay que reconocer que tiene mérito el chino cabrón este.
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