Deja de leer aquí si vas a ver el capítulo que esto es un spoiler. Arizona, algo más de seis millones y medio de habitantes, diez prisiones y Allison Dubois ayudando al fiscal Manuel Devalos a llenarlas, implacable, con sus sueños reveladores de la verdad. Hay muchos republicanos en Arizona, entre ellos John McCain, y muchos demócratas también y la mayoría de todos ellos apoyan la pena de muerte. En este capítulo con moralina Allison sueña que a una asesina en serie la asesinan en prisión, muy civilizadamente eso sí, después de ser condenada a pena de muerte, con su batería de inyecciones y todo. Además una vez muerta ve al espectro de su amado y compinche con el que acaba discutiendo por los siglos de los siglos. Venganza poética. En un país en donde un candidato a la Casa Blanca que estuviera en contra de esta arcaica pena se caería automáticamente de la carrera presidencial, no nos debe de extrañar que los productores mantengan audiencias avivando la caldera de la intolerancia. Bussines is Business my brother. Noventa países mantienen la pena de muerte, en algunos te lapidan si eres un adultero y si eres adúltera peor, en otros como Uganda están apunto de promulgar una ley para ejecutar a los homosexuales con VIH que mantengan relaciones sexuales, pero en este caso parece que como este país depende de las ayudas del civilizado occidente, va a aplazar su aprobación. El fin de esta barbarie no lo vamos a ver nosotros, hermano.
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El porqué de lo adictivo de Lost es algo difícil de definir. Por supuesto habrá gente que lo tenga muy claro, y te dirán: coges un lugar en el cual todo sea posible, reúnes un montón de personajes muy diferentes entre sí y con un pasado tortuoso, los pones al límite luchado por su vida, procura que los resultados de los actos de estos personajes siempre sean lo contrario de las expectativas que tienen de conseguir sus deseos, muestras unas cuantas analepsis y muchas prolepsis según qué temporada, deja una pregunta sin contestar al final de cada capítulo y más o menos ya está. Y un carajo. Primero que hay que ser J.J. Abrams y segundo que si la fórmula fuera tan simple los canales de televisión estarían repletos de fenómenos semejantes, y la verdad es que ninguna serie ha llegado nunca a intrigar y enganchar a tantos seres humanos diferentes alrededor del globo, ningún evento narrativo de ficción ha tenido tanta difusión cambiando incluso la manera de distribuir los contenidos: la red. La pregunta generadora de los creadores debió de ser simple, algo así como: ¿qué pasaría si pones a unos señores y unas señoras luchando por la supervivencia en una isla misteriosa perdida en el Pacífico sur? ¿Estaría la cosa más cerca de El señor de las Moscas, de Robinsón Crusoe o de Star Trek? La vida, la muerte, el deseo inconsciente de caer en el abismo, los agujeros negros, la reproducción de los cefalópodos… Lo juntamos todo y a tomar por culo. Que pasen muchas cosas, encefalograma plano y tira para delante colega. Que conste que yo personalmente estoy deseando que estrenen el primer capítulo de la sexta temporada, lo reconozco, dame soma y métete en tus asuntos.
Pero he de reconocer también, después de ver el episodio tres de la primera temporada de Flashforward, que la trama de esta serie tiene más enjundia que la de la otra. Las consideraciones morales, los problemas existenciales, éticos y demás que tienen los señores y señoras en esta historia son de mayor calado, más profundos que los de un médico superdotado y guaperas atormentado por la relación que tuvo con su padre, cosa que por cierto le pasa a la mayoría de los demás personajes de Perdidos, y de una maciza, un cachas, el calvo, el gordo, el moro, Maroto y el de la moto.
Asín que por ahora le vamos a dar unos puntitos más a Flashforward, aunque acabe de empezar, que por cierto también es una serie coral de fantasía, dame más soma por favor, te lo estoy diciendo amigo.