Este director alemán aficionado a los filmes inquietantes, graba en blanco y negro una historia ambientada en un pueblo protestante del norte de Alemania durante el año anterior a la primera gran guerra. Se centra en la intolerancia y brutalidad de aquella sociedad con los más pequeños (con las mujeres también, pero parece que aquí prima el tema infantil) que a su vez no son ningunos angelitos. Parece lógico que éstos impúberes que son sometidos a la cruel presión de una religión profundamente punitiva y al ninguneo de sus mayores, se conviertan nazis cuando crezcan, y también parece encajar el que, mientras tanto, se entretengan desfogándose violentamente y a escondidas con otros niños ya sea por divertimento o por pura envidia. Supongo que esta visión es demasiado obvia, seguro que se puede profundizar más, pero habrá alguien que sólo atisbe esa especie de mensaje apologético que parece contener la película y se cague en los muertos de Haneke. No obstante, el film es impecable desde todos los puntos de vista, el guión es sólido, los actores muy solventes y la factura impresionante. Estamos ante el próximo Oscar a la mejor película extranjera de habla no inglesa. Hay que verla hermano, preferiblemente un día que no estés muy sensible, o mejor, métete en el Avenida uno de esos en el cual te hayas dado cuenta por fin de que el ser humano no tiene solución y acabas ya con el cuadro, si está lloviendo y es de noche cuando salgas, mejor.
Como muestra, un botón.