Joder: Jack London, Hemingway, Quiroga, Alejandra Pizarnik, Zweig, Mopassant, Larra, Virginia Wolf, parece ser que Yasunari Kawabata también entre otros muchos escritores atormentados y, desgraciadamente también, y joven (46), David Foster Wallace, todos acabaron suicidándose. Este último llegó incluso a pedir que lo internaran porque no podía contener su pulsión al suicidio. Un tipo de buena y culta familia, clase media alta, reconocido como uno de los más grandes de su época, que es la nuestra, con su tupida melena sin la mortadela en la coronilla, le caía bien a todo el mundo, y va el nota, depresivo total, y se ahorca, y nos deja. Estaba aburrido, digo yo. Leyendo esta recopilación de diez relatos puedo imaginarme lo que hubiera podido llegar a escribir David de no haberse finiquitado. Su técnica es deslumbrante en todos los campos, utiliza con maestría todo el abanico de narradores y se inventa alguno; la estructura de sus relatos es siempre brillante cuando menos, y sorprende por su originalidad. Los juegos metanarrativos o metaliterarios (palabros que cuanto más creo entender menos comprendo) son imprescindibles para cualquier aprendiz de escritor, si eres de estos te aconsejo el último relato del volumen: Hacia el oeste, el avance del imperio continúa. Hermano estamos en racha con los libros de ficción que caen en nuestras manos y nos salimos con las elecciones literarias. Qué suerte. Súbanse al carro.
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Es impresionante cómo escribe Pynchon, da la impresión de que hace algo diferente. Esta es una obra narrativamente tan arriesgada y difícil de seguir para un lector medio que a veces incluso puede llegar a sentir que el autor está jugando con él y aun así, después de todo esto y más, disfrutar de la novela como se disfruta del hallazgo de un tesoro escondido. Acabar Vineland es dar un paso más allá, atisbar algo importante, descubrir otro nivel en la literatura y buscar rápidamente otra novela firmada por el mismo escritor para echársela al coleto.
Thomas Pynchon parece plantear otra manera de instaurar el pacto de ficción con el lector, otra manera de suspender la incredulidad. El genio que despliega estructurando tramas anidadas y laberínticas y dando saltos continuos en el espacio tiempo entre personajes y puntos de vista, pasándose por el forro muchos de los convencionalismos que se enseñan en las escuelas de literatura creativa, deja al lector con la boca abierta como si fuera testigo de un encantamiento imposible. La finura estilística, la acumulación de recursos técnicos, el hacer posible lo imposible, las acertadas referencias culturales y la profundidad de su estudio del ser humano y lo que ha construido sobre el planeta, hace imprescindible la lectura de este autor. Colega quítate el sombrero y aprende.
Ya he empezado el libro de John Carlin, y después de ver la película me estoy pensando si continuar con su lectura. Parece que Freeman, este hombre libre y negro llevaba años ensayando delante del espejo su imitación de Mandela, ese genio de la política que liberó al los negros del Aparheid tras salir de la cárcel en la que pasó 27 años, el actor ve que la clava, la imitación, y a esto que llega a sus manos El factor humano, y llama al rácano y genial director para rodar esta interesante historia y a forrarse todo el mundo. El filme es un producto digno pero excesivamente edulcorado y complaciente, por supuesto muy bien dirigido y, claro, con buenos actores. Aunque te digo que los dientes postizos de Morgan cantan un poco, de hecho a mi me pareció su actuación algo exagerada, no pude evitarlo, quizás es que Mandela es un exagerado. Luego está el tema de que Matt Damon se ha pasado con los pectorales, le ha faltado currase un poco más los cuádriceps y ha construido un personaje un tanto plano por mucho que lo hayan nominado para el Oscar al mejor actor de reparto. Después está el jefe de seguridad, interpretado por un tal Tony Kgoroge, que pone caritas. Que me quedé algo decepcionado, vaya.
Sigue el poema que da título a la película, estupendo:
INVICTUS de William Ernest Henley (1849-1903)
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.

Se murió Salinger, ya tenía 92. En fin, a ver si ahora ve la luz algo de lo que puede que haya escrito durante las últimas cinco décadas. Mientras tanto, entrentente con este relato, que es de lo mejor que se ha escrito nunca.
UN DÍA PERFECTO PARA EL PEZ PLÁTANO
En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.
No era una chica a la que una llamada telefónica le produjera gran efecto. Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad.
Mientras sonaba el teléfono, con el pincelito del esmalte se repasó una uña del dedo meñique, acentuando el borde de la lúnula. Tapó el frasco y, poniéndose de pie, abanicó en el aire su mano pintada, la izquierda. Con la mano seca, tomó
del alféizar un cenicero repleto y lo llevó hasta la mesita de noche, donde estaba el teléfono. Se sentó en una de las dos camas gemelas ya hecha y-ya era la cuarta o quinta llamada-levantó el auricular del teléfono.
-Diga-dijo, manteniendo extendidos los dedos de la mano izquierda lejos de la bata de seda blanca, que era lo único que llevaba puesto, junto con las chinelas: los anillos estaban en el cuarto de baño.
Ea, ya se acaba el puto año. Menos mal. En fin, de lo producido o editado este año que haya pasado por delante de estos ojitos que se los han de papiñar los gusanos, en película extranjera me quedo con Gran torino, española: Celda 211, libro: Mitologías de Invierno. El emperador de occidente, serie: la segunda temporada de Breaking bad. En este aspecto no me puedo quejar, la verdad. Hermano, todo acaba, todo empieza.
Gota de lluvia
Una gota de lluvia temblaba en la enredadera.
Toda la noche estaba en esa humedad sombría
que de repente
iluminó la luna.
Soledad de la campana
Soledad de la campana.
Le dice adiós al tañido.
Último son de su bronce,flecha ardiente en el silencio.
Vaga en busca de los ecospero nadie le contesta.
Prehistoria
(A la memoria de Jaime Sabines)
1
En las paredes de esta cueva
pinto el venado
para adueñarme de su carne,
para ser él,
para que su fuerza y su ligereza sean mías
y me vuelva el primero
entre los cazadores de la tribu.
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He tenido la suerte de que me muestren a esta poetisa argentina. Todavía ando leyéndome esta recopilación publicada por Lumen. Una joya.
VAGAR EN LO OPACO
mis pupilas negras sin ineluctables chispitas
mis pupilas grandes polen lleno de abejas
mis pupilas redondas disco rayado
mis pupilas graves sin quiebro absoluto
mis pupilas rectas sin gesto innato
mis pupilas llenas pozo bien oliente
mis pupilas coloreadas agua bien definida
mis pupilas sensibles rigidez de lo desconocido
mis pupilas salientes callejón preciso
mis pupilas terrestres remedos cielinos
mis pupilas oscuras piedras caídas
Que el ser humano necesita de las historias para vivir es algo que afirman muchos autores, y es cierto, piense Vd. en su vida cotidiana: ve series en la tele, lee un libro, le cuenta a la vecina lo último que le ha pasado a la hermana del la novia del hijo de Pepita la del quinto derecha… estamos continuamente contando cuentos y, aquí llegamos a la cuestión, y por contados: inventados. Desde que el hombre es hombre se transmiten tradiciones, leyendas y hechos pasados, de boca en boca, de página en página, de pantalla en pantalla. El oficiante embellece y adapta la historia, ya sea real o no, a sus intereses mediante improvisaciones, o muy estudiados cambios, con el fin de conseguir sus deseos a través del público. Se nos imprime un frote cerebroestomacal, masajeando recodos placenteros, en muchos casos genitales directamente, en algunos otros intelectuales, para que cambiemos nuestra manera de ver el mundo. Estamos enganchados en las historias, pero por favor, no nos creamos todas. Todo lo que se transmite a través del tamiz humano es una ficción. El mismo hecho es tratado en un mismo tiempo como noticias diferentes en diferentes cadenas de televisión y en directo, el tratamiento de un mismo deseo es erótico o pornográfico según el que lo cuenta o según el que lo recibe, y paso de hablar de historias de, desde, para y por políticos. Yo ya no me creo nada, aunque a veces casi he pretendido sorprender a la verdad en ese blanco que perdura entre los renglones de un buen libro.
Todo este rollo me acaba de irrumpir en el coco después de leer en El País esta entrevista almuerzo con Mark Goffman. Y, Pablo Ximénez de Sandoval, prodígate más hijo, que se me ha hecho corta la entrevista almuerzo aquí te pillo aquí te mato.

