Entradas publicadadas a lo largo del Febrero, 2010
Es impresionante cómo escribe Pynchon, da la impresión de que hace algo diferente. Esta es una obra narrativamente tan arriesgada y difícil de seguir para un lector medio que a veces incluso puede llegar a sentir que el autor está jugando con él y aun así, después de todo esto y más, disfrutar de la novela como se disfruta del hallazgo de un tesoro escondido. Acabar Vineland es dar un paso más allá, atisbar algo importante, descubrir otro nivel en la literatura y buscar rápidamente otra novela firmada por el mismo escritor para echársela al coleto.
Thomas Pynchon parece plantear otra manera de instaurar el pacto de ficción con el lector, otra manera de suspender la incredulidad. El genio que despliega estructurando tramas anidadas y laberínticas y dando saltos continuos en el espacio tiempo entre personajes y puntos de vista, pasándose por el forro muchos de los convencionalismos que se enseñan en las escuelas de literatura creativa, deja al lector con la boca abierta como si fuera testigo de un encantamiento imposible. La finura estilística, la acumulación de recursos técnicos, el hacer posible lo imposible, las acertadas referencias culturales y la profundidad de su estudio del ser humano y lo que ha construido sobre el planeta, hace imprescindible la lectura de este autor. Colega quítate el sombrero y aprende.
Ya he empezado el libro de John Carlin, y después de ver la película me estoy pensando si continuar con su lectura. Parece que Freeman, este hombre libre y negro llevaba años ensayando delante del espejo su imitación de Mandela, ese genio de la política que liberó al los negros del Aparheid tras salir de la cárcel en la que pasó 27 años, el actor ve que la clava, la imitación, y a esto que llega a sus manos El factor humano, y llama al rácano y genial director para rodar esta interesante historia y a forrarse todo el mundo. El filme es un producto digno pero excesivamente edulcorado y complaciente, por supuesto muy bien dirigido y, claro, con buenos actores. Aunque te digo que los dientes postizos de Morgan cantan un poco, de hecho a mi me pareció su actuación algo exagerada, no pude evitarlo, quizás es que Mandela es un exagerado. Luego está el tema de que Matt Damon se ha pasado con los pectorales, le ha faltado currase un poco más los cuádriceps y ha construido un personaje un tanto plano por mucho que lo hayan nominado para el Oscar al mejor actor de reparto. Después está el jefe de seguridad, interpretado por un tal Tony Kgoroge, que pone caritas. Que me quedé algo decepcionado, vaya.
Sigue el poema que da título a la película, estupendo:
INVICTUS de William Ernest Henley (1849-1903)
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Ah, Lo que hace Kate, ya llegó el tercero de La Sexta, y la cosa se lía. Me voy a dejar de espóileres así que no sé muy bien lo que decir, aparte de que Evangeline está cada día más fuerte y que no me pega que Sawyer caiga en la autocompasión. El caso es que me da la impresión de que los guionistas han hecho un cóctel añadiendo un poco de Hugh Everett y otro poco de John Campbell y veremos a ver qué sale de todo esto. Espero que el final no sea estilo La torre oscura, la de Stephen King que no la de Browning, que tampoco voy a estropear por si te quieres leer los siete libros de los que consta la saga. Me da la impresión de que esta gente está jugando conmigo y, si es así, ¿por qué estoy deseando ver el próximo episodio? ¿Soy un cabeza de chorlito? ¿Me está pasando lo mismo que a mi abuela con Topacio?
La directora de Le llamaban Bodhi y Días extraños (escrita por su ex James Cameron) dirige esta película ambientada en la guerra de Irak que protagoniza Jeremy Renner metiéndose en la piel de un artificiero al que le va la marcha. El tipo lo hace muy bien, como todos los demás actores, con pequeñas apariciones de Guy Pearce, Ralph Fiennes y Evangeline Lilly (mmm) entre ellos; la Biguelow cuenta esta buena historia con mucho talento, con el control del tiempo de los maestros. El libreto es de Mark Boal, el que escribiera la historia de En el valle de Elah de la cual Paul Haggis firmó el guión, y mantiene el ritmo hasta el final, olvidándose de propagandas y centrándose en el enganche que puede producir la guerra, lo absurdo de ésta y en cómo a veces encuentras tu hogar en un sitio inhóspito en el cual el resto se siente incómodo, estás solo colega. Buena película, americanada eso sí, pero así son las cosas brother.

Ayer se estrenó en USA y no tuvo la máxima audiencia, no llegó a trece millones, el primer capítulo anduvo detrás de NCIS (Navy: investigación criminal, la de Mark Harmon) y el segundo capítulo, pues se emitieron dos después de uno de previously, estuvo debajo de The good wife (qué guapa Julianna Margulies). Pero gracias a la red lo hemos visto muchos más millones alrededor del mundo, no creo que ningún show televisivo haya tenido tanto rating anteriormente, vamos, un rollo tipo Avatar sin pasar por la taquilla. Es que J.J. Abrams es como un primo de Cameron, el día que unan fuerza los dos te vas a cagar hermano.
No defraudó. Después de la temporada anterior, en la cual parte de los protagonistas estaban en el pasado y parte en el presente, en ésta pasa lo que tenía que pasar: ATENCIÓN QUE VIENEN UNOS ESPÓILERES, entramos en el tema de los universos paralelos, por lo pronto sólo dos, que tendrán que juntarse en algún momento antes del Apocalipsis (tío, ya sólo faltan los extraterrestres y la trama tipo mátrix). Eso está bien, pues nos permite recuperar a algunos personajes que nos abandonaron en el universo de las cinco anteriores temporadas y, de paso, los guionistas ya pueden hacer lo que les salga de la polla. Además aparecen nuevos caracteres, Hiroyuki Sanada interpreta uno, éste es el japonés que caneaba a Cruise en El último samrai, un buen actor que se conserva en formol como Harmon. Y por si fuera poco, la gente resucita y se cura milagrosamente o se transmuta en protagonistas muertos y el sursum corda, al loro que dentro de Locke parece que vive ahora un malo, o quizás no, que se ha desecho de Jacob. De la estatua egipcia nos hemos ido al templo tailandés y del accidente de aviación al horizonte de sucesos. Esto es la hostia hermano. Tela de entretenido y aunque a esta gente que escribe la serie se le haya ido la olla del todo, eso es lo que queremos, nuestro soma, nuestro coliseo. Parte pan.
Aquí llevas una parodia sobre los guionistas de Perdidos. Fíjate que el vídeo es del 2007.
Y échale un vistazo a este blog.

Se murió Salinger, ya tenía 92. En fin, a ver si ahora ve la luz algo de lo que puede que haya escrito durante las últimas cinco décadas. Mientras tanto, entrentente con este relato, que es de lo mejor que se ha escrito nunca.
UN DÍA PERFECTO PARA EL PEZ PLÁTANO
En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.
No era una chica a la que una llamada telefónica le produjera gran efecto. Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad.
Mientras sonaba el teléfono, con el pincelito del esmalte se repasó una uña del dedo meñique, acentuando el borde de la lúnula. Tapó el frasco y, poniéndose de pie, abanicó en el aire su mano pintada, la izquierda. Con la mano seca, tomó
del alféizar un cenicero repleto y lo llevó hasta la mesita de noche, donde estaba el teléfono. Se sentó en una de las dos camas gemelas ya hecha y-ya era la cuarta o quinta llamada-levantó el auricular del teléfono.
-Diga-dijo, manteniendo extendidos los dedos de la mano izquierda lejos de la bata de seda blanca, que era lo único que llevaba puesto, junto con las chinelas: los anillos estaban en el cuarto de baño.
