Me he acercado a esta película después de leer a Boyero, sé que un poco tarde, pero las pocas ganas que sentía en un principio se me quitaron un poco más con el Goya que le concedieron a mejor película hispanoamericana, no sé, los Goyas no me ponían mucho hasta este año que me la han dejado un poco morcillona, menos mal; luego resulta que además le dan el mismo premio a Soledad Villamil como actriz revelación, joder, lleva actuando desde el noventiuno, pero ya me va poniendo más la cosa. Ya llegaron los Oscares, que tampoco es que me vuelvan loco, pero bueno, y esta cinta se ventila a La cinta blanca y gana el de mejor película extranjera. Ya te decía que tras esto y leer a Boyero un par de veces más y, milagro, constatar lo mucho que le gusta a este hombre, que ya es difícil que esto ocurra, la veo y, como diría Pumares: qué bonita.
Pues sí, Campanella que llevaba rodando muchos años en América capítulos de Law & Order (de las dos), de El Guardián, House M.D. etc. etc. se descuelga con esta tragedia de cine negro de estupenda factura dirigiendo a unos actores en estado de gracia, ese pedazo de Ricardo Darín que se sale, y rodando una historia basada en la novela de Eduardo Sacheri La pregunta de sus ojos plasmada en un libreto estupendo. Me emocionó, aunque últimamente estoy fácil, que todo hay que decirlo, si bien algunos aspectos sentimentales se me antojaron de cuento, que también y por qué no. Pero es que estoy reviniéndome.
Es impresionante cómo escribe Pynchon, da la impresión de que hace algo diferente. Esta es una obra narrativamente tan arriesgada y difícil de seguir para un lector medio que a veces incluso puede llegar a sentir que el autor está jugando con él y aun así, después de todo esto y más, disfrutar de la novela como se disfruta del hallazgo de un tesoro escondido. Acabar Vineland es dar un paso más allá, atisbar algo importante, descubrir otro nivel en la literatura y buscar rápidamente otra novela firmada por el mismo escritor para echársela al coleto.
Thomas Pynchon parece plantear otra manera de instaurar el pacto de ficción con el lector, otra manera de suspender la incredulidad. El genio que despliega estructurando tramas anidadas y laberínticas y dando saltos continuos en el espacio tiempo entre personajes y puntos de vista, pasándose por el forro muchos de los convencionalismos que se enseñan en las escuelas de literatura creativa, deja al lector con la boca abierta como si fuera testigo de un encantamiento imposible. La finura estilística, la acumulación de recursos técnicos, el hacer posible lo imposible, las acertadas referencias culturales y la profundidad de su estudio del ser humano y lo que ha construido sobre el planeta, hace imprescindible la lectura de este autor. Colega quítate el sombrero y aprende.
Ya he empezado el libro de John Carlin, y después de ver la película me estoy pensando si continuar con su lectura. Parece que Freeman, este hombre libre y negro llevaba años ensayando delante del espejo su imitación de Mandela, ese genio de la política que liberó al los negros del Aparheid tras salir de la cárcel en la que pasó 27 años, el actor ve que la clava, la imitación, y a esto que llega a sus manos El factor humano, y llama al rácano y genial director para rodar esta interesante historia y a forrarse todo el mundo. El filme es un producto digno pero excesivamente edulcorado y complaciente, por supuesto muy bien dirigido y, claro, con buenos actores. Aunque te digo que los dientes postizos de Morgan cantan un poco, de hecho a mi me pareció su actuación algo exagerada, no pude evitarlo, quizás es que Mandela es un exagerado. Luego está el tema de que Matt Damon se ha pasado con los pectorales, le ha faltado currase un poco más los cuádriceps y ha construido un personaje un tanto plano por mucho que lo hayan nominado para el Oscar al mejor actor de reparto. Después está el jefe de seguridad, interpretado por un tal Tony Kgoroge, que pone caritas. Que me quedé algo decepcionado, vaya.
Sigue el poema que da título a la película, estupendo:
INVICTUS de William Ernest Henley (1849-1903)
Desde la noche que sobre mí se cierne,
negra como su insondable abismo,
agradezco a los dioses si existen
por mi alma invicta.
Ah, Lo que hace Kate, ya llegó el tercero de La Sexta, y la cosa se lía. Me voy a dejar de espóileres así que no sé muy bien lo que decir, aparte de que Evangeline está cada día más fuerte y que no me pega que Sawyer caiga en la autocompasión. El caso es que me da la impresión de que los guionistas han hecho un cóctel añadiendo un poco de Hugh Everett y otro poco de John Campbell y veremos a ver qué sale de todo esto. Espero que el final no sea estilo La torre oscura, la de Stephen King que no la de Browning, que tampoco voy a estropear por si te quieres leer los siete libros de los que consta la saga. Me da la impresión de que esta gente está jugando conmigo y, si es así, ¿por qué estoy deseando ver el próximo episodio? ¿Soy un cabeza de chorlito? ¿Me está pasando lo mismo que a mi abuela con Topacio?
La directora de Le llamaban Bodhi y Días extraños (escrita por su ex James Cameron) dirige esta película ambientada en la guerra de Irak que protagoniza Jeremy Renner metiéndose en la piel de un artificiero al que le va la marcha. El tipo lo hace muy bien, como todos los demás actores, con pequeñas apariciones de Guy Pearce, Ralph Fiennes y Evangeline Lilly (mmm) entre ellos; la Biguelow cuenta esta buena historia con mucho talento, con el control del tiempo de los maestros. El libreto es de Mark Boal, el que escribiera la historia de En el valle de Elah de la cual Paul Haggis firmó el guión, y mantiene el ritmo hasta el final, olvidándose de propagandas y centrándose en el enganche que puede producir la guerra, lo absurdo de ésta y en cómo a veces encuentras tu hogar en un sitio inhóspito en el cual el resto se siente incómodo, estás solo colega. Buena película, americanada eso sí, pero así son las cosas brother.