Joder: Jack London, Hemingway, Quiroga, Alejandra Pizarnik, Zweig, Mopassant, Larra, Virginia Wolf, parece ser que Yasunari Kawabata también entre otros muchos escritores atormentados y, desgraciadamente también, y joven (46), David Foster Wallace, todos acabaron suicidándose. Este último llegó incluso a pedir que lo internaran porque no podía contener su pulsión al suicidio. Un tipo de buena y culta familia, clase media alta, reconocido como uno de los más grandes de su época, que es la nuestra, con su tupida melena sin la mortadela en la coronilla, le caía bien a todo el mundo, y va el nota, depresivo total, y se ahorca, y nos deja. Estaba aburrido, digo yo. Leyendo esta recopilación de diez relatos puedo imaginarme lo que hubiera podido llegar a escribir David de no haberse finiquitado. Su técnica es deslumbrante en todos los campos, utiliza con maestría todo el abanico de narradores y se inventa alguno; la estructura de sus relatos es siempre brillante cuando menos, y sorprende por su originalidad. Los juegos metanarrativos o metaliterarios (palabros que cuanto más creo entender menos comprendo) son imprescindibles para cualquier aprendiz de escritor, si eres de estos te aconsejo el último relato del volumen: Hacia el oeste, el avance del imperio continúa. Hermano estamos en racha con los libros de ficción que caen en nuestras manos y nos salimos con las elecciones literarias. Qué suerte. Súbanse al carro.
Me sorprendió gratamente este filme coco-free, una película irreverente sin complejos que entretiene sin pretensiones. Dirige Matthew Vaughn, me gustó una anterior suya de título Layer Kake (ese thriller diferente sobre la vida de un delincuente atípico que encarnó Daniel Craig), que es también, y sigo hablando de Vaughn, esto hay que reconocérselo, el mismo tipo al que Claudia Schiffer le hace cositas por las noches. Pues esta es igualmente una película diferente sobre superhéroes, va de un friki pusilánime que acaba siendo un héroe sin poderes, aunque en realidad versa sobre la superación, la fuerza de voluntad, la amistad y esas cosas, zzzzzz, cómo si no tuviéramos ya bastante con lo nuestro. El caso es que la cosa funciona y entre risas, pucheros y sangre, se pasa el rato sin problemas. Basada en el exitoso cómic de Mark Millar y John Romita Jr., con un casting que encaja bien, sobre todo la niña Chloe Moretz, y un guión que no está mal (quizás un poco flojo a la mitad del metraje), el invento marcha.
Acabo de ver el doble capítulo final de Perdidos y, aparte de que se han perdido unos minutos en la emisión casi subtitulada de Cuatro, me he quedado con un palmo de narices y ya no leas a partir del próximo párrafo que es un espóiler.
Esta noche lo veo otra vez y así, a lo mejor, me aclaro, porque a priori me parece que estos señores se han vuelto a quedar conmigo. Parece ser que todos están muertos, parece ser que el mundo paralelo era una especie de frontera en la cual se reencuentran las almas de los personajes, que según el padre muerto de Jack han fallecido unos antes y otros después, para “partir”. Partir a dónde, carajo, ¿al cielo? ¿Al infierno? ¿A otra vida?… Que no, que no me lo creo. Acaba con el ojo de Jack cerrándose en el último estertor, se supone; o sea, lo contrario de cómo empieza el primer capítulo, con perro y todo. Antes ha visto entre los árboles un avión que pasa, se supone también que es el que pilota Lapidus, pero por otro lado podría ser el 815, ya todo vale. Entre medias, en el otro mundo, el Sr. Shephard abre la puerta de la iglesia y una luz celestial la inunda mientras todos han reencontrado amores perdidos y portan sonrisas entre angelicales, post orgásmicas y pusilánimes. No sé, lo voy a digerir y mañana sigo posteando.
Aaron Paul, Dean Norris, Brian Cranston, los hermanos Moncada… qué más quieres compañero. Encima está detrás de las teclas Vince Gilligan y dirige Michele Maxwell MacLaren que acompañó, junto al anterior, a Chris Carter en ese viaje que nos satisfizo tanto: The X files. Claro, mucho oficio, mucho artesano y mucho talento también. Esta gente vale lo mismo para un roto que para un descosido, te montan una aventura de ciencia ficción o un thriler dramático o el sursum corda si se les antoja de los cojones.
Y ya no sigas leyendo que a partir de aquí es un espóiler. Estaba claro por dónde venían los tiros, el capítulo ha caído por su propio peso. La historia desemboca en el mismo sitio que tenía que desembocar: Hank le curra a Jesse porque piensa que él ha sido el que le engañó montando la farsa del hospital, estamos en que le parte la cara pero bien partida, y he aquí a Aaron Paul, con la mitad del rostro tapado con látex, que se da el homenaje y actúa como un campeón, total, que Pinkman está muy cabreado con el cuñado de Walt y suelta unas perlas que activan la fibra culpable de Heisemberg que acaba por ofrecerle la mitad del negocio que se trae con el de los pollos. Todo esto se ve venir desde lejos, joder, y no por ello se disfruta menos, al contrario, ya nos hacía falta un frotis en el cerebelo, pues nos gusta que nos den soma. A todo esto los gemelos asesinos acaban en un intento de matar a Shrader, que también se veía venir, a ver, mira: nuestro héroe policía resulta que es humano y, después de lo de Tuco y El paso, anda giñado todo el tiempo, se lo come en plan no digo nada y pa’dentro y se obsesiona con el caso Heisember, se le va la pelota, hace mal su trabajo golpeando a un ciudadano por la cara y el la misma, y lo asume sin mentir en el informe, porque es nuestro héroe, porque es un tío con dos pelotas y porque lo queremos, así que lo suspenden de empleo y sueldo, entrega la placa y la pistola, le compra un ramo de flores a la parienta y cuando se monta en el coche alguien con voz distorsionada le llama diciéndole que en un minuto llegan dos tipos para matarle: estaba claro, ya le iba tocando redimirse, luchar y vencer, vencer a los sicarios y vencer al miedo que le chorrea por las patas abajo. Qué final hermano, mira que ya sabíamos lo que iba a pasar, pero no porque el guionista haya flojeado, no, sino por todo lo contrario. Todo está pensado, no te equivoques, es solo ficción, no es la vida, pero… ¿qué es la vida? Y es más, ¿qué es la ficción? De eso hablaremos en otra ocasión. Me va a dar un jama mientras espero el siguiente episodio.
Este telefilme de lujo dirigido por el director ugandés Scott Hicks, el de Shine, narra la autobiografía, ya sabes “esta película está basada en hechos reales”, de un periodista australiano que pierde a su mujer por un cáncer y se queda solo con su hijo. Luego aparece otro que tuvo con su anterior pareja y se quedan los tres solos en su casa de campo en Australia. Rodeados por una naturaleza de ensueño, doradas gramíneas acariciadas por el viento, esos gráciles canguros, amplias playas por las que conducir con el todoterreno sobre la arena con su hijo en el capó… qué bonito oiga, estos hombres están solos en el sentido de que no hay una mujer que los cuide. No mujer, casa sucia; no mujer, no reglas; no mujer, cajas de pizza; etc. Un tanto vergonzoso el mensaje, pero no olvidemos que está basado en una historia verdadera. Atención a ese niño pequeño al cual el padre está jodiendo la vida al no proveerle de herramientas para soportar futuras frustraciones, pero qué frustración mayor que perder a su madre, se justificará el progenitor. En fin, la historia de un padre irresponsable cuyo problema es que quizás es solo un ser humano un tanto carca, aunque él no se daba cuenta, y entonces, para soportar su drama, deviene en progre amparándose en el todo vale. Aun así, me entretuve, que todo hay que decirlo. Los actores bien, fotografía bonita, y eso. Tú mismo.
